Del corazón de Villamiel a la cima del Jálama

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Hay rutas que empiezan después de coger el coche, conducir unos cuantos kilómetros y encontrar dónde dejarlo. Esta tiene una ventaja difícil de superar: podemos salir caminando desde Villamiel y terminar contemplando Sierra de Gata desde casi 1.500 metros de altura.

El destino es el Jálama, una de las grandes cumbres de Sierra de Gata, con sus 1.492 metros de altitud. Desde Villamiel existen diferentes trazados utilizados por senderistas para alcanzar la cima y regresar al pueblo, con recorridos circulares que rondan aproximadamente entre los 19 y los 22 kilómetros y acumulan alrededor de 700 metros de desnivel positivo.

Dicho de otra manera: esto no es salir a dar una vuelta después de comer.

Aunque tampoco hace falta preparar una expedición al Himalaya.

Estamos ante una ruta de montaña que exige tiempo, cierta preparación física y, sobre todo, saber que buena parte de la recompensa habrá que ganársela subiendo.

Dejar Villamiel abajo

Una de las cosas más atractivas de esta ascensión es precisamente su comienzo. No necesitamos desplazarnos a otro municipio para buscar la montaña: la montaña está ahí, delante de nosotros.

Desde Villamiel podemos encaminarnos hacia las pistas y caminos que ascienden en dirección norte, buscando progresivamente las zonas altas de la sierra y la conexión con el entorno del Camino del Payo.

Al principio, el paisaje todavía conserva esa sensación familiar de los alrededores del pueblo. Caminos, muros de piedra, robles y castaños acompañan una subida que poco a poco empieza a enseñar sus intenciones.

Y entonces ocurre algo curioso.

Villamiel comienza a quedarse abajo.

Cada tramo ganado permite mirar hacia atrás y descubrir una perspectiva diferente del lugar del que acabamos de salir. Las casas se hacen pequeñas, el horizonte crece y esa montaña que desde el pueblo parecía estar simplemente “ahí arriba” empieza a exigir respeto.

Porque el Jálama tiene una habilidad particular: parece bastante más cerca de lo que realmente está.

Quien haya caminado alguna vez hacia una cumbre conoce perfectamente la trampa. Ves una elevación y piensas que ya casi has llegado. La alcanzas… y descubres otra detrás.

La montaña tiene ese sentido del humor.

En algunos trazados utilizados por senderistas, la cima se alcanza aproximadamente después de 8,5-10 kilómetros desde Villamiel, aunque la distancia depende considerablemente del itinerario elegido. Por eso no conviene obsesionarse con una cifra exacta ni confiar únicamente en la intuición.

A medida que aumenta la altitud también cambia el paisaje. La vegetación se transforma, aparecen zonas más abiertas y la sensación de estar caminando por encima de buena parte de Sierra de Gata empieza a justificar el esfuerzo.

Hasta que finalmente aparece la verdadera meta.

1.492 metros.

El Jálama.

Llegados hasta aquí, quizá sea buen momento para hacerse una pregunta: ¿cuántas veces hemos contemplado esta montaña desde abajo sin pensar que podíamos salir andando desde Villamiel y llegar hasta su cima?

Esa es probablemente la verdadera gracia de la ruta.

No consiste únicamente en conquistar una altura. Consiste en unir nuestro pueblo con una de las montañas más representativas de la comarca utilizando algo tan sencillo como nuestros propios pasos.

Subir es solo la mitad

Llegar arriba produce inevitablemente esa pequeña sensación de victoria que regalan las montañas.

Pero hay una norma bastante cruel que conviene recordar: cuando llegamos a la cima, la excursión no ha terminado. Estamos aproximadamente a mitad del trabajo.

Queda bajar.

Existen diferentes posibilidades para regresar a Villamiel y algunos recorridos registrados realizan una ruta circular, evitando desandar exactamente todo el camino de subida. Dependiendo de la variante elegida, la jornada completa puede rondar los 19-22 kilómetros, por lo que estamos hablando de varias horas caminando.

Y aquí debemos hacer una advertencia importante.

La subida al Jálama desde Villamiel no debe entenderse como un sendero turístico perfectamente señalizado de principio a fin. Existen diferentes trazados realizados por senderistas y algunos pueden incluir cruces poco evidentes, vegetación, zonas de fuerte pendiente o tramos cuyo estado puede variar según la época del año.

Por eso es recomendable llevar cartografía o GPS con un recorrido previamente comprobado, agua suficiente, calzado adecuado y consultar las condiciones meteorológicas antes de salir. Tampoco debemos dar por hecho que cualquier camino que aparezca en una aplicación es necesariamente público o que se encuentra actualmente transitable.

Y, por supuesto, si aparece una cancela, una finca o cualquier indicación que limite el paso, una ruta de senderismo nunca justifica entrar donde no debemos.

El Jálama seguirá allí otro día.

Precisamente esa combinación entre cercanía y montaña convierte esta ascensión en algo especial. Villamiel permite salir caminando desde sus calles y, unas horas después, encontrarnos a casi 1.500 metros contemplando un paisaje enorme.

Quizá quienes vivimos rodeados de estas montañas terminemos acostumbrándonos demasiado a ellas. Las vemos todos los días, forman parte del horizonte y llega un momento en que casi dejamos de mirarlas.

Hasta que decidimos subir.

Entonces el paisaje cambia por completo.

Y cuando desde arriba busquemos Villamiel allá abajo, probablemente también cambie durante unos minutos nuestra manera de mirar el lugar al que vamos a regresar.

Y después de semejante caminata, con el Jálama conquistado y las piernas recordándonos cada metro de desnivel, toca una parte de la ruta que probablemente necesite muchas menos indicaciones: sentarse y refrescarse con una cerveza bien fría. El Bar Barrero, el Chiringuito de la piscina o el Restaurante Boada pueden convertirse en nuestra particular última etapa. Porque subir montañas está muy bien, contemplar Sierra de Gata desde las alturas es una maravilla… pero volver a Villamiel, sentarse tranquilamente y comentar la aventura con una cerveza delante tampoco es un mal final de ruta.

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Javier Romo
Javier Romo
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