
Querida Extremadura: hoy es tu día
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Hoy podríamos limitarnos a felicitarte. Poner tu bandera, recordar que es 8 de septiembre, hablar de orgullo y terminar deseando un feliz Día de Extremadura. Sería sencillo y seguramente estaría bien. Pero desde este pequeño rincón de Sierra de Gata queremos decirte algo más, porque a la tierra que uno siente como suya no se la quiere únicamente cuando toca celebrar.
Querida Extremadura:
Hoy es tu día.
Y desde Villamiel y Villamiel Va queremos felicitarte, aunque posiblemente no sepamos hacerlo sin mirar primero a nuestro alrededor.
Porque desde aquí Extremadura tiene montañas, caminos que se pierden entre robles y castaños, calles que todavía conservan historias entre sus piedras y pueblos pequeños en los que seguimos llamando a muchas personas por su nombre.
Desde aquí Extremadura huele a leña cuando llega el frío, a campo después de la lluvia, a aceite de oliva y a esa cocina que durante generaciones aprendió a convertir ingredientes humildes en platos extraordinarios.
Suena a campanas, a conversaciones en la plaza, al ruido de una puerta que se abre y a fiestas en las que vuelven durante unos días quienes tuvieron que marcharse.
Y quizá por eso hoy queremos hablarte desde aquí.
Desde uno de tus pueblos.
No siempre fue fácil quedarse
Hay algo profundamente hermoso en pertenecer a un lugar pequeño, aunque sería injusto contar solamente esa parte de la historia.
Durante décadas muchos extremeños hicieron una maleta.
No siempre porque quisieran conocer mundo, sino porque fuera estaban el trabajo, los estudios o las oportunidades que aquí no encontraban. Madrid, Cataluña, País Vasco y otros lugares de España, además de países europeos, acabaron convirtiéndose en el hogar de miles de personas que siguieron llevando Extremadura dentro, aunque vivieran a cientos o miles de kilómetros.
Algunos regresaron.
Otros vuelven cada verano, cada Navidad o siempre que pueden.
Y algunos nunca pudieron volver definitivamente.
Por eso seguramente existen pocas imágenes tan nuestras como la de una casa que permanece cerrada durante buena parte del año y vuelve a llenarse de voces cuando llegan las vacaciones.
También eso es Extremadura.
Y no deberíamos olvidarlo precisamente hoy.
Quererte también significa pedirte más
Podríamos escribir una carta llena únicamente de cosas bonitas, pero sería una forma demasiado sencilla de quererte.
Porque Extremadura sigue teniendo problemas que no desaparecen colocando una bandera en un balcón.
Nuestros pueblos necesitan futuro.
Necesitan niños corriendo por sus calles, negocios que puedan levantar la persiana, cobertura, buenas comunicaciones, servicios públicos accesibles y personas jóvenes capaces de imaginar aquí su vida sin sentir que para progresar tienen necesariamente que marcharse.
Necesitamos conseguir que vivir en un pueblo sea una elección posible y no una pequeña carrera de obstáculos.
Desde lugares como Villamiel sabemos perfectamente que la tranquilidad tiene un valor enorme, que despertarse rodeado de naturaleza es un privilegio y que existen cosas que ninguna gran ciudad puede ofrecernos.
Pero tampoco queremos utilizar la belleza del mundo rural para esconder sus dificultades.
Una carretera sigue siendo necesaria, aunque el paisaje que la rodea sea precioso. Una conexión a Internet sigue siendo imprescindible, aunque desde la ventana podamos contemplar la sierra. Y conservar nuestros pueblos requiere bastante más que recordar lo bonitos que son durante las vacaciones.
Queremos que nuestros hijos puedan marcharse si desean conocer otros lugares.
Lo que no queremos es que tengan que hacerlo porque aquí no encontraron otra posibilidad.
Tenemos mucho que conservar
A veces quienes vivimos rodeados de algo extraordinario terminamos acostumbrándonos a ello.
Extremadura posee pueblos, ciudades, dehesas, montañas, ríos, patrimonio, gastronomía y una forma particular de relacionarnos con nuestro entorno que merece ser protegida.
Pero existe otro patrimonio mucho más frágil.
Está en nuestros mayores.
En las palabras que todavía utilizan, en las recetas que preparan sin consultar un libro, en los nombres que conocen para cada rincón del campo, en las historias que recuerdan de cuando las calles estaban llenas de niños y en las fotografías guardadas dentro de una caja que alguien debería sentarse a mirar con ellos antes de que sea demasiado tarde.
Cada vez que desaparece una de esas historias sin que nadie la haya recogido perdemos una pequeña parte de nosotros.
Quizá conservar Extremadura también consista en eso.
En escuchar.
Extremadura también está aquí
Hoy habrá actos institucionales, banderas, discursos y celebraciones. Y está bien que los haya.
Pero el Día de Extremadura también se celebra lejos de los escenarios.
Está en quien esta mañana ha abierto un bar en un pequeño pueblo, en quien trabaja una finca, en quien cuida a nuestros mayores, en quien mantiene abierta una tienda cuando cada cliente cuenta y en quien decidió emprender aquí cuando posiblemente habría sido más sencillo hacerlo en otro lugar.
Está en quienes se marcharon y todavía responden «soy extremeño» cuando alguien les pregunta de dónde son.
Está en quienes regresaron.
Y también en quienes nunca se fueron.
Extremadura está en Mérida, Cáceres, Badajoz, Plasencia o Guadalupe, pero también en esos nombres que apenas ocupan unos centímetros en el mapa.
Está en nuestra Sierra de Gata.
Está en Trevejo.
Y está, por supuesto, en Villamiel.
Hoy sí queremos celebrarte
Porque después de pedirte cosas también toca reconocerte.
Queremos tus amaneceres silenciosos y esas noches en las que todavía podemos levantar la cabeza y encontrar estrellas. Queremos nuestras plazas, nuestras fiestas y las conversaciones que empiezan sin necesidad de haber quedado antes.
Queremos nuestras palabras, nuestros acentos y nuestras maneras.
Queremos el pan sobre la mesa, el aceite, el vino, las migas y tantas recetas que saben a mucho más de lo que contienen.
Queremos a quienes están y recordamos a quienes estuvieron.
Queremos esa extraña sensación que conoce cualquiera que haya vivido lejos durante mucho tiempo: avanzar por la carretera, empezar a reconocer el paisaje y sentir, mucho antes de haber llegado a la puerta, que ya está en casa.
Eso tampoco aparece en los mapas.
Pero existe.
Querida Extremadura…
Hoy cumples con esa cita que cada 8 de septiembre nos recuerda que compartimos una tierra, una historia y también un futuro que todavía está por escribir.
No queremos una Extremadura convertida únicamente en un precioso lugar al que regresar durante unos días.
La queremos viva.
Con pueblos pequeños, sí, pero con futuro. Con tradiciones, pero también con oportunidades. Orgullosa de lo que fue y suficientemente ambiciosa para decidir lo que quiere ser.
Desde Villamiel seguiremos poniendo nuestro pequeño granito de arena. Contando lo que sucede, recuperando historias, enseñando nuestros rincones, cocinando nuestras recetas y recordando que aquí, entre estas montañas de Sierra de Gata, también se escribe cada día una pequeña parte de Extremadura.
Así que ahora sí.
Sin discursos.
Sin necesidad de grandes palabras.
Simplemente desde casa:
Feliz Día de Extremadura.
Y que dentro de muchos años siga habiendo alguien aquí para celebrarlo.









