
Árrago, el río de las piscinas naturales
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Seis piscinas naturales en un mismo río. El dato sorprende incluso en Sierra de Gata, donde bañarse en una garganta o una ribera forma parte del verano casi tanto como buscar una sombra cuando aprieta el calor. Pero basta seguir el curso del Árrago para descubrir una sucesión poco común: Robledillo de Gata, Descargamaría, Cadalso, Hernán-Pérez y Santibáñez el Alto aparecen unidos por un río que, además de atravesar buena parte de la comarca, ha ido dejando a su paso algunos de sus lugares de baño más conocidos.
La cuenta, además, tiene truco. No hablamos de seis pueblos con piscina, porque Cadalso aporta dos enclaves diferentes, Los Cachones y Los Pilares. Y tampoco podemos sumar cualquier zona de baño próxima al recorrido: Hoyos, por ejemplo, queda fuera porque sus aguas pertenecen a otro sistema hidrográfico. Aquí la condición es mucho más sencilla y, al mismo tiempo, más exigente: que sea el Árrago el que pasa por la piscina.
Cuando colocamos esas seis zonas sobre el mapa aparece algo que normalmente se nos escapa al visitarlas por separado. No estamos ante una colección de piscinas naturales. Estamos ante el recorrido de un río. Y seguirlo permite atravesar Sierra de Gata de una manera diferente, desde los relieves de Robledillo hasta un paisaje cada vez más abierto conforme el Árrago busca las tierras bajas.
Así que vamos a hacer precisamente eso: empezar arriba y dejarnos llevar por el agua.
Un río que baja buscando pueblos
El Árrago nace en las estribaciones de Sierra de Gata y emprende desde allí un recorrido marcado inicialmente por la montaña. En sus primeros kilómetros, las pendientes, la vegetación y un cauce encajado dibujan un paisaje muy diferente del que el mismo río encontrará más adelante. No hace falta recorrer demasiada distancia para alcanzar la primera parada.
Robledillo de Gata mantiene una relación especialmente estrecha con el agua. Basta caminar por el pueblo para comprender hasta qué punto el relieve y el río han condicionado su fisonomía. Las casas se adaptan a desniveles difíciles, las calles buscan huecos donde parece no haberlos y el Árrago aparece integrado en un conjunto donde arquitectura y paisaje llevan siglos obligados a entenderse.
Aquí encontramos la primera piscina natural de nuestro recorrido.
Es una zona de baño creada aprovechando el propio cauce, con ese carácter que distingue a las piscinas naturales serragatinas de cualquier instalación convencional. El agua continúa siendo agua de río; simplemente se aprovechan sus condiciones y determinadas actuaciones permiten disfrutarla durante los meses de verano.
Y aquí empieza nuestra cuenta. Una.
Desde Robledillo, el Árrago continúa descendiendo hacia Descargamaría. Son pocos kilómetros, pero suficientes para comprobar cómo el río funciona también como un elemento de unión entre localidades que muchas veces contemplamos de manera independiente.
En Descargamaría encontramos la segunda.
La piscina natural vuelve a aprovechar directamente las aguas del Árrago y se integra en un paisaje donde la montaña todavía conserva una presencia muy marcada. El río sigue siendo estrecho, cercano, reconociblemente serrano.
Dos piscinas, dos pueblos consecutivos y un mismo cauce.
A estas alturas todavía podría parecer una coincidencia.
Deja de serlo cuando seguimos río abajo.
Cadalso juega con ventaja
El Árrago alcanza después el entorno de Cadalso, y aquí nuestra cuenta cambia de ritmo porque el municipio no aporta una, sino dos zonas de baño diferenciadas sobre el río.
La primera es Los Cachones.
El nombre forma parte de esa toponimia local que resulta mucho más interesante que cualquier denominación creada para una guía turística. Durante el verano es uno de los lugares habituales de baño del municipio y el Árrago vuelve a convertirse allí en punto de encuentro.
Pero Cadalso todavía guarda otra parada.
Los Pilares constituye una segunda zona de baño vinculada al mismo río. Conviene remarcarlo porque ambas aparecen en ocasiones confundidas cuando se habla genéricamente de «la piscina de Cadalso». Los Cachones y Los Pilares son dos enclaves diferentes y, por tanto, cuentan por separado en nuestro recorrido.
Ya llevamos cuatro: Robledillo de Gata, Descargamaría, Los Cachones, Los Pilares.
Cuatro piscinas naturales creadas por el mismo río en un espacio geográfico relativamente pequeño.
A partir de aquí empieza a entenderse por qué el Árrago merece ser observado de manera diferente. No estamos seleccionando piscinas de distintos puntos de Sierra de Gata para construir una ruta artificial. Es el propio cauce el que establece el itinerario.
Y también empieza a aparecer otra cuestión: estos lugares no nacieron necesariamente como espacios turísticos.
Mucho antes de que alguien pensara en visitantes, carteles, aparcamientos o zonas acondicionadas, los habitantes de estos pueblos ya mantenían una relación cotidiana con el agua. Los ríos servían para regar, abastecer terrenos y ganado, alimentar canales, mover molinos y otros ingenios hidráulicos y resolver numerosas necesidades de la vida diaria.
Y, naturalmente, también servían para bañarse.
Los vecinos conocían los mejores charcos, las zonas profundas, las piedras desde las que entrar al agua y aquellos puntos donde una pequeña presa o pesquera permitía acumularla.
Precisamente una pesquera nos lleva a nuestra siguiente parada.
La Pesquera de la Lapa
El Árrago continúa descendiendo y alcanza terrenos pertenecientes a Hernán-Pérez. Aquí encontramos uno de los nombres más singulares de todo el recorrido: La Pesquera de la Lapa.
Es nuestra quinta piscina.
Su nombre merece atención porque nos devuelve directamente a esa relación histórica entre las personas y el río. Una pesquera no es un concepto nacido con el turismo rural. Las pesqueras y pequeñas estructuras levantadas o aprovechadas sobre los cursos fluviales responden a usos mucho más antiguos del agua.
Con el tiempo, algunos de estos enclaves acabaron convirtiéndose también en excelentes zonas de baño.
Esto permite contemplar las piscinas naturales desde una perspectiva diferente. Tendemos a pensar en ellas como recursos turísticos porque hoy aparecen en folletos, páginas web y publicaciones de verano, pero el río estaba allí mucho antes de que existiera el concepto de turismo rural.
También estaban quienes vivían junto a él.
Para esas generaciones, el Árrago no era un lugar que visitar durante las vacaciones. Formaba parte de su territorio cotidiano.
La Pesquera de la Lapa conserva incluso en el nombre una pequeña parte de esa historia.
Y todavía queda una sexta parada.
Las Reinas: la última de nuestro recorrido
Seguimos el curso del Árrago hasta terrenos de Santibáñez el Alto, aunque para encontrar nuestra siguiente piscina hay que alejarse del núcleo urbano.
Allí aparece Las Reinas.
En este caso, además, la vinculación con el Árrago está especialmente bien documentada: actuaciones administrativas realizadas sobre la zona de baño identifican expresamente el cauce como río Árrago.
Con Las Reinas completamos nuestra cuenta.
Seis piscinas naturales.
Robledillo de Gata, Descargamaría, Los Cachones, Los Pilares, La Pesquera de la Lapa y Las Reinas.
Cinco términos municipales.
Un solo río.
Vista así, la cifra adquiere otra dimensión.
Sierra de Gata posee numerosas piscinas naturales y algunas son probablemente más conocidas que varias de las que acabamos de recorrer. Pero eso no es lo excepcional del Árrago.
Lo extraordinario es la concentración de zonas de baño sobre un mismo cauce.
No todas las piscinas llevan al Árrago
Precisamente por la enorme riqueza hídrica de Sierra de Gata resulta fácil caer en una confusión: pensar que las piscinas naturales de pueblos relativamente próximos pertenecen al mismo sistema.
No es así.
Un buen ejemplo lo tenemos en Hoyos.
Su piscina natural no forma parte del recorrido del Árrago. Está vinculada a la Ribera de Acebo y a los cursos que la alimentan. Lo mismo ocurre con otras conocidas zonas de baño de la comarca, pertenecientes a sus respectivas gargantas, riberas y arroyos.
Y esto, lejos de restar importancia al Árrago, hace todavía más llamativo nuestro recorrido.
Porque no hemos escogido seis piscinas naturales de Sierra de Gata.
Hemos seguido un río y nos hemos encontrado seis.
La diferencia parece pequeña, pero cambia por completo la historia.
Los nombres que el agua fue dejando
Los Cachones.
Los Pilares.
La Pesquera de la Lapa.
Las Reinas.
Detenerse en los nombres también permite entender el territorio.
Son denominaciones nacidas del uso y de la memoria local. No necesitan grandes explicaciones para quienes han vivido siempre cerca de ellas. Durante generaciones bastaba pronunciar el nombre para saber exactamente de qué lugar se estaba hablando.
Algunos probablemente describen características físicas. Otros pueden estar relacionados con antiguos usos del agua. Y habrá nombres cuyo origen exacto se haya ido perdiendo hasta quedar simplemente convertidos en aquello que siempre escucharon decir los mayores.
Esa pequeña toponimia también forma parte del patrimonio de Sierra de Gata.
Un mapa representa el Árrago mediante una línea.
Para quien vive junto al río, una línea no basta.
Hay charcos, pesqueras, pasos, molinos, huertas, puentes, caminos y lugares de baño. Cada uno necesita un nombre porque cada uno desempeñó alguna vez una función.
Así se construye otra cartografía que difícilmente cabe completa en los mapas oficiales: la del territorio vivido.
Y las piscinas naturales forman parte de ella.
El mismo río, seis paisajes
Seguir las piscinas del Árrago tiene además otra recompensa.
El paisaje cambia.
En Robledillo, el río todavía parece atrapado entre montañas. La vegetación se aproxima al cauce y la sensación es claramente serrana.
Descargamaría mantiene buena parte de ese carácter, aunque el valle empieza a permitir algo más de espacio.
Cadalso introduce otro escenario.
Y cuando el Árrago continúa hacia los terrenos de Hernán-Pérez y Santibáñez el Alto, el relieve va anunciando progresivamente que las grandes pendientes quedarán atrás.
Es el mismo río.
Pero no es la misma Sierra de Gata.
Ahí puede estar una de las formas más interesantes de conocer esta parte de la comarca: no escoger primero los pueblos que queremos visitar, sino permitir que sea el agua quien marque el camino.
El itinerario ya existe. Lo ha trazado el Árrago.
Una piscina natural sigue siendo un río
Durante julio y agosto estos espacios cambian radicalmente.
Llegan bañistas, coches, toallas, neveras, sombrillas y todo aquello que acompaña a un día de verano. Durante unas semanas, lugares relativamente tranquilos el resto del año soportan una utilización mucho más intensa.
Pero hay algo que conviene no olvidar.
Por mucho que coloquemos una pequeña presa, acondicionemos las orillas o cortemos el césped, una piscina natural sigue siendo un ecosistema fluvial.
Debajo del agua continúa existiendo vida. En las orillas también.
La vegetación de ribera no está allí como decoración y la calidad del agua depende en buena medida de la conservación del cauce y de todo lo que ocurre aguas arriba.
Disfrutar de estas piscinas debería implicar una regla extremadamente sencilla: cuando nos vayamos, el río tendría que quedar como estaba cuando llegamos.
Porque el Árrago no termina su jornada cuando se marcha el último bañista. Continúa corriendo.
Seis maneras de bañarse en el mismo río
Podemos regresar entonces a nuestra pregunta inicial.
¿Cuántas piscinas naturales encontramos a lo largo del Árrago en este recorrido por Sierra de Gata?
Seis.
La primera nos espera en Robledillo de Gata. Después llega Descargamaría. Cadalso duplica la cuenta con Los Cachones y Los Pilares. Hernán-Pérez aporta La Pesquera de la Lapa y Santibáñez el Alto completa el viaje con Las Reinas.
Pero reducir todo esto a una cifra sería quedarse con la parte menos interesante.
Porque entre la primera y la sexta piscina han cambiado las montañas, el valle, la vegetación y la manera en que los pueblos se relacionan con el cauce. Han aparecido nombres antiguos, pesqueras, usos tradicionales y lugares donde distintas generaciones han acudido al agua mucho antes de que alguien los incluyera en una guía turística.
Quizá por eso, cuando observamos las seis piscinas juntas, dejamos de ver seis destinos. Vemos un recorrido. Y entonces resulta mucho más fácil comprender que el verdadero protagonista nunca fue la piscina.
Era el agua que las une.
El Árrago.










