
Villamiel dentro de 500 años: el futuro empieza mucho antes
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¿Qué será de Villamiel dentro de 500 años?
La pregunta parece absurda. Ninguno de nosotros estará aquí para comprobar la respuesta y resulta imposible saber cómo será el mundo en 2526.
Pero podemos imaginarlo.
Las imágenes que acompañan este artículo parten de una calle real de Villamiel y muestran dos futuros completamente distintos. En uno, el tiempo y el abandono han ganado la batalla. Las viviendas están derruidas, la vegetación ocupa las calles y lo que un día fue un pueblo se ha convertido prácticamente en una ruina.
En el otro, Villamiel sigue vivo. Las casas continúan habitadas, las calles tienen gente y la tecnología se ha incorporado al pueblo sin destruir aquello que lo hace reconocible.
Ninguna de las dos imágenes pretende predecir el futuro.
Pero sí nos obligan a pensar en él.
No hacen falta 500 años
La verdadera pregunta no es cómo será Villamiel dentro de cinco siglos.
Es mucho más cercana:
¿Cómo queremos que sea Villamiel dentro de 10, 20 o 30 años?
Queremos seguir viendo luces detrás de las ventanas.
Queremos niños, jóvenes, adultos y mayores compartiendo las mismas calles. Queremos que quienes han nacido aquí puedan quedarse si lo desean y que quienes tuvieron que marcharse encuentren razones para regresar.
Pero también necesitamos algo más.

Queremos que llegue gente nueva.
Personas que quizá hoy vivan en Madrid, Cáceres, Salamanca, Barcelona o cualquier otro lugar y que estén buscando precisamente algo que un pueblo como Villamiel puede ofrecerles.
Una vida diferente.
No necesariamente mejor para todo el mundo. Pero sí posiblemente mejor para algunas personas.
Vivir en un pueblo no significa renunciar al futuro
Durante demasiado tiempo se ha asociado vivir en un pequeño municipio con tener menos oportunidades.
La tecnología puede cambiar buena parte de esa ecuación.
Hoy determinados trabajos pueden realizarse desde cualquier lugar con una buena conexión a Internet. Hay profesionales que ya no necesitan vivir junto a una oficina. Hay autónomos, emprendedores y pequeños proyectos empresariales cuya ubicación puede elegirse de otra manera.
Eso abre una oportunidad enorme para el mundo rural.
Y el reto no consiste en convertir Villamiel en una pequeña ciudad.
Precisamente lo contrario.
Se trata de poder vivir aquí sin renunciar por ello al siglo XXI.
Conservar la piedra, las calles, nuestras costumbres, nuestro entorno y nuestra identidad, incorporando al mismo tiempo conectividad, servicios y nuevas oportunidades.
Modernizar un pueblo no significa borrar lo que era.
Puede significar conseguir que siga existiendo.
Pero un paisaje bonito no es suficiente
Sería demasiado fácil pensar que basta con enseñar fotografías de la Sierra de Gata para conseguir nuevos vecinos.
No funciona así.
Una persona puede enamorarse de Villamiel durante un fin de semana y, sin embargo, no poder construir aquí su vida.
Para atraer población hacen falta condiciones reales.
Hace falta vivienda disponible, tanto para alquilar como para comprar.
Hace falta una buena conexión digital.
Hacen falta servicios básicos y comunicaciones razonables.
Hace falta facilitar la llegada de autónomos, teletrabajadores, familias y pequeños emprendedores.
Y hacen falta oportunidades.
Porque nadie traslada su vida simplemente porque un lugar sea bonito.

También tenemos que saber recibir
Existe además otra condición que no aparece en los presupuestos ni puede construirse con una subvención.
La actitud del propio pueblo.
Si queremos nuevos vecinos, tendremos que conseguir que quien llegue pueda sentirse parte de Villamiel.
Que no continúe siendo «el de fuera» veinte años después.
Los pueblos pequeños poseen una enorme capacidad para crear comunidad, pero precisamente por eso también pueden resultar difíciles de penetrar para quien llega sin conocer a nadie.
Atraer población significa también abrir la comunidad.
No queremos visitantes permanentes.
Queremos nuevos vecinos.
Tenemos algo que otros lugares han perdido
Villamiel no puede competir con una ciudad ofreciendo las mismas cosas.
Ni debería intentarlo.
Puede ofrecer otras.
Naturaleza a pocos metros de casa. Tranquilidad. Patrimonio. Espacio. Una escala humana. La posibilidad de conocer a las personas con las que uno se cruza por la calle.
Y algo cada vez más escaso: tiempo y calidad de vida lejos del ritmo de una gran ciudad.
Eso tiene valor.
Pero disponer de esas ventajas no garantiza nada.
Hay que convertirlas en una verdadera posibilidad de vida.
El futuro no está escrito
Quizá dentro de 500 años Villamiel sea irreconocible.
Quizá siga conservando algunas de las calles por las que caminamos hoy.
Probablemente nadie recuerde nuestros nombres.
Pero el pueblo que exista entonces —si existe— será consecuencia de cientos de decisiones tomadas por muchas generaciones.
Nosotros únicamente podemos responsabilizarnos de las nuestras.
Por eso, entre las dos imágenes que hemos imaginado para este artículo, Villamiel Va tiene claro cuál quiere perseguir.
No queremos un pueblo convertido en un bonito recuerdo.
Queremos casas habitadas.
Queremos negocios abiertos.
Queremos mayores que puedan quedarse.
Queremos jóvenes que tengan motivos para volver.
Queremos tecnología sin perder identidad.
Queremos escuchar acentos nuevos por nuestras calles.
Queremos que llegue alguien que hoy todavía no sabe situar Villamiel en un mapa y que, dentro de unos años, cuando alguien le pregunte dónde vive, pueda responder:
«En Villamiel».
Porque quizá la pregunta no sea qué será Villamiel dentro de 500 años.
La pregunta es mucho más sencilla:









