La Cruz del Paseo: siglo y medio mirando a Villamiel

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Uno puede pasar cientos de veces por el mismo lugar y terminar por dejar de verlo. Forma parte del paisaje cotidiano, está ahí cuando salimos de casa, cuando damos un paseo o cuando regresamos y, precisamente por tenerlo tan cerca, acabamos sin preguntarnos qué hace allí o cuánto tiempo lleva acompañándonos.

En Villamiel tenemos uno de esos lugares.

La conocemos como la Cruz del Paseo. Se levanta sobre la roca, en uno de esos puntos desde los que el pueblo parece abrirse hacia Sierra de Gata. Sin embargo, basta rascar un poco en su historia para descubrir que esa cruz que hoy nos resulta tan familiar lleva allí mucho más tiempo que cualquiera de nosotros.

Y que, curiosamente, los libros no la llaman como nosotros.

Para nosotros, la Cruz del Paseo; para la historia, la Cruz del Teso

La documentación especializada la recoge como Cruz del Teso. Así aparece en Cruceros y cruces de término de la provincia de Cáceres. Historia, arte y tradiciones, obra de José Antonio Ramos Rubio y Óscar de San Macario Sánchez.

Los investigadores la sitúan sobre una gran peña y la fechan a mediados del siglo XIX. Es decir, podemos estar hablando de alrededor de 175 años contemplando Villamiel.

Ciento setenta y cinco años dan para mucho.

Cuando aquella cruz comenzó a formar parte del paisaje, quienes caminaban por Villamiel vivían en un mundo difícilmente reconocible para nosotros. No había coches esperando a la puerta, teléfonos en los bolsillos ni mensajes que llegaran al otro extremo del mundo antes de que terminemos de escribirlos. La vida transcurría a otro ritmo y las distancias se medían de otra manera.

Nosotros hemos cambiado.

Ella permanece.

No sabemos cuántas conversaciones habrá escuchado a sus pies —y probablemente sea mejor que las piedras no hablen, porque en los pueblos podrían provocar algún que otro disgusto—, pero sí podemos imaginar las generaciones que han pasado junto a ella. Abuelos, bisabuelos, niños que se hicieron mayores, personas que marcharon de Villamiel y otras que regresaron muchos años después.

Eso no necesita leyenda. Lo cuenta simplemente el calendario.

Una ventana abierta a Sierra de Gata

Quizá una de las razones por las que la cruz resulta tan especial sea precisamente el lugar elegido para levantarla.

El estudio patrimonial describe los diferentes paisajes que se contemplan desde allí: hacia un lado, Barrito Blanco, con robles y castaños; hacia otro, los robledales que alcanzan la sierra de Moncalvo; también aparece el espolón rocoso sobre el que se levanta Trevejo y su castillo, la Sierra de Santa Olalla y el valle abierto de la rivera Trevejana.

Quien haya estado allí sabe que no hace falta demasiada imaginación. Solo hay que detenerse un momento y mirar.

Hoy incluso las rutas senderistas que atraviesan Villamiel incluyen el Teso de la Cruz como punto de interés por sus vistas hacia Trevejo y el paisaje circundante. Una de ellas sitúa el enclave aproximadamente a 745 metros de altitud.

Puede resultar curioso que venga alguien de fuera, mochila al hombro, buscando expresamente un lugar que nosotros tenemos a unos minutos de casa. Aunque quizá esa sea una de las pequeñas injusticias de vivir rodeados de lugares hermosos: terminamos acostumbrándonos a ellos.

Una cruz que se convirtió en parte de Villamiel

Entre toda la documentación encontrada hay una frase que merece detenerse a leer.

Los autores del estudio consideran que la Cruz del Teso ha llegado a convertirse en «un signo de identidad de Villamiel».

No es poca cosa.

Porque una cruz puede estudiarse por la forma de su piedra, por sus dimensiones, por su estilo artístico o por la época en la que fue construida. Pero convertirse en parte de la identidad de un pueblo significa algo diferente: supone haber terminado integrándose en el paisaje y en la memoria de quienes viven alrededor.

El mismo trabajo aporta otra pista interesante. Por sus características, especialmente por la forma de sus brazos, los investigadores consideran que tipológicamente reproduce otra cruz existente en Villamiel, denominada en el estudio Cruz de los Caídos.

Además, junto a la Cruz del Teso existe una vivienda que los autores datan en 1800.

Conviene no unir ambas cosas más de lo que permiten los documentos. Que aquella vivienda ya existiera antes de levantarse la cruz no demuestra que hubiera relación entre ellas. Lo verdaderamente interesante es que nos ayuda a imaginar que aquel rincón no era un espacio completamente ajeno a la vida del Villamiel de comienzos del XIX.

¿Por qué se levantó?

Aquí aparece el misterio.

Sabemos aproximadamente cuándo fue construida. Sabemos dónde está. Conocemos sus características y disponemos de una investigación patrimonial que la considera parte de la identidad del pueblo.

Pero no hemos encontrado todavía un documento que explique por qué se levantó la Cruz del Teso.

No sabemos quién decidió colocarla allí, quién la pagó, quién trabajó su piedra ni si existió algún acontecimiento concreto que motivara su construcción.

Y sería muy tentador rellenar esos huecos.

Las cruces de término han tenido históricamente funciones religiosas y simbólicas muy diferentes, y algunas estuvieron relacionadas con caminos, límites, rogativas o protección espiritual. Pero trasladar cualquiera de esas explicaciones automáticamente a la Cruz del Teso sería convertir una posibilidad en una certeza.

Y en Villamiel Va preferimos una historia incompleta a una historia inventada.

Quizá, además, la respuesta no esté únicamente en los archivos.

De la Cruz del Teso a la Cruz del Paseo

Hay otra pequeña historia escondida en su propio nombre.

Los documentos consultados hablan de Cruz del Teso y las rutas actuales siguen utilizando Teso de la Cruz. Sin embargo, muchos en Villamiel la conocemos sencillamente como la Cruz del Paseo.

¿Cuándo comenzó a llamarse así?

¿Nuestros abuelos utilizaban ese mismo nombre? ¿Decían Cruz del Teso? ¿Convivieron ambas denominaciones?

Puede parecer una cuestión menor, pero las palabras también cuentan la historia de los pueblos. Los nombres populares nacen, cambian y algunas veces terminan sustituyendo a los antiguos sin que nadie pueda señalar el día exacto en que ocurrió.

Un buen día descubrimos que siempre lo hemos llamado así.

Y punto.

La memoria que todavía podemos recuperar

Quizá esta historia no deba terminar en un libro.

Puede continuar en las casas de Villamiel.

Es posible que alguien conserve una fotografía antigua de la Cruz del Paseo. Quizá algún vecino recuerde una historia que le contaban sus padres o sus abuelos. Tal vez exista alguna referencia a celebraciones, paseos, juegos infantiles o acontecimientos relacionados con aquel lugar que nunca llegó a escribirse.

Por eso hoy queremos preguntar.

¿Cómo la llamaban en vuestra casa: Cruz del Paseo, Cruz del Teso o de otra manera?

¿Recordáis alguna historia relacionada con ella? ¿Habéis visto fotografías antiguas? ¿Os contaron alguna vez por qué se levantó precisamente allí?

Porque los documentos nos permiten saber que esa cruz fue levantada aproximadamente a mediados del siglo XIX. También nos dicen cómo está construida y nos ayudan a situarla dentro del patrimonio de Villamiel.

Pero hay una parte de nuestra historia que difícilmente aparecerá en ningún archivo.

Es la que pasa de una generación a otra alrededor de una mesa, durante un paseo o en aquellas conversaciones que empiezan con un «pues mi abuelo decía…».

Y esas conviene escucharlas mientras todavía estamos a tiempo.

La próxima vez que pasemos junto a la Cruz del Paseo quizá la miremos de otra manera. Seguirá siendo la misma piedra sobre la misma peña y continuará contemplando Trevejo en la distancia.

Solo habrá cambiado una cosa.

Ahora sabemos que lleva alrededor de siglo y medio haciendo exactamente eso.

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Javier Romo
Javier Romo
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